Sig Ragga en Vorterix: un viaje a las emociones

La banda santafecina nos asombró una vez más, el pasado viernes 6 de mayo, con un Teatro Vorterix colmado. Concluye, de esta forma,  la etapa de su segundo disco Aquelarre, con el cual han crecido más, para comenzar a grabar el tercero. Crónica: Roma Zacarías. Fotos: Daniel Watanabe.

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A las 21hs del viernes, los aficionados se acercaban al Teatro Vorterix, probablemente con mucho frío y ansiedad. No es para menos, ya que cada show de Sig Ragga es un viaje único.

El lugar se fue llenando hasta que ya no cabía un alfiler. El público aplaudía y silbaba, expectante e inquieto. Fue a las 21.45hs cuando las luces se atenuaron y comenzó a sonar un piano, el mismo que suena en ¨Chaplin¨, single perteneciente a Aquelarre. Una vez finalizada esta introducción, se abrió el telón y el cuarteto arrancó a tocar Orquesta en descomposición, luciendo la estética que los acompaña siempre y que los caracteriza mucho: los rostros pintados de blanco con túnicas del mismo color. Las luces y el humo ayudaban a generar un clima de misterio y solemnidad. Los músicos se movían juntos, como en cámara lenta, respirando el mismo aire: son cuatro, pero arriba del escenario son uno. Una unidad que se genera tras tantos años de tocar juntos. La puesta en escena se completaba con visuales de las obras creadas por Pepo Cortés, el baterista. El sonido fue impecable y muy prolijo durante toda la noche.

La banda tocó mayormente temas de Aquelarre, ya que se trataba del show despedida. Este disco los vio crecer a un nivel inesperado. Ya no se trataba de una banda de reggae más, sino una repleta de matices, de poesía, con grandes valores a transmitir, influencias de Spinetta y hasta de música clásica. El nivel de creatividad y el criterio estético de ellos, hacen de Sig Ragga, una de las bandas actuales más sublimes y originales.

Gustavo Cortés nos transportó a otra galaxia con su dulce timbre de voz y su gran dominio del falsete. ¨Amor, amor, amor, no hay nada más que dar, partir y volver a nacer¨, nos cantaba con los brazos abiertos. Pero este hombre no sólo es capaz de emocionarnos con su voz, sino también ejecutando el teclado, destacándose en la canción ¨Chaplin¨.

Lo acompaña su hermano, Pepo Cortés en la batería. Se lo observó, como siempre, seguro en la ejecución y muy desenvuelto. Demostró, además, gran versatilidad, ya que pasaba de ritmos típicos del reggae, a otros más rockeros o más lentos incluso.

 

Juanjo Casals es el encargado del bajo. Es el instrumento que probablemente tenga mayor presencia en los shows, el que escuchamos más fuerte y que nos lleva a movernos al ritmo. El instrumentista usa un bajo de 5 cuerdas con una ecualización que realza los graves, como la mayoría de las bandas del género, pero sería un error suponer que se remite a eso: Juanjo es muy virtuoso, capaz de tocar a gran velocidad si la música lo requiere.

En la guitarra eléctrica tenemos a Nicolás Gonzalez. Podemos observarlo en los shows utilizando una gran cantidad de pedales, generando un sonido particular, atento a cada dinámica. Esto, sumado a la técnica que emplea y a sus arreglos, le da un toque especial y personal al instrumento. Demostró su destreza en ¨Pensando¨ y ¨Feliz¨.

El show finalizó a todo trapo: se armó pogo, ronda y baile al ritmo de ¨Rebelión de Esclavos Técnicos¨ y ¨Matata¨. La gente se iba del teatro con el corazón contento, agradecidos hacia la banda y con la sensación de que el disco venidero será una grata sorpresa.

Roma Zacarías

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