Octafonic en Vorterix: derribando barreras musicales

La banda liderada por Nicolás Sorín presentó oficialmente, su segundo disco: ¨Mini Buda¨. Un material muy esperado y bien recibido por el público, que se acercó el 19 de agosto a Vorterix, para festejar hasta el cansancio. Además de interpretar el disco en su totalidad, hubo espacio para el lucimiento instrumental: Hernán Rupolo, Chino Piazza y la sección de vientos, tuvieron sus segmentos solistas, para demostrar el alto nivel de virtuosismo que poseen. Octafonic sigue derribando barreras musicales. Crónica: Romina Zacarías. Fotos: Daniel Watanabe.

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Viernes 19 de agosto. Comenzaba el fin de semana al fin, y para muchos no era un día cualquiera. ¨Mini buda¨ había llegado a la tierra, con sus 9 canciones y Octafonic prometía dejar todo en el Teatro Vorterix, para interpretarlo en vivo por primera vez. Una fiesta como sólo ellos pueden ofrecer.

El escenario estaba listo. Un ambiente cuidadosamente tétrico y lúgubre, con telarañas. La gente iba llegando hasta llenar el salón, con el entusiasmo a flor de piel. A las 21.30 horas comenzaba el juego, de la mano del track que inicia el disco ¨Welcome to life¨. Un show de luces impactante acompañaba los cortes, de la mano de su iluminador: Patricio Tejedor. El sonido, compacto y potente, se terminó de ajustar al segundo tema: ¨Mistifying¨, clásico para empezar a mover las caderas al ritmo de los vientos comandados por Juan Manuel Alfaro en el saxo alto, Francisco Huici en saxo barítono y Leonardo Paganini en el tenor. Con ese mismo clima comenzaba ¨God¨, con un Sorín encendido, gimiendo provocativo, devorando a la audiencia entera. Una introducción de sintetizadores precedía al single ¨Plastic¨. El pogo se hizo presente aquí, convirtiendo la noche en un antes y un después para la banda.

Bajaron los decibeles un rato con la interpretación de ¨Love¨, para volver a subirlos con ¨Mini buda¨. Los nueve integrantes suelen hacer una postal aquí, usando capuchas y haciendo el ¨mudra¨ con las manos. La gente coreó como nunca, el hit que da nombre al disco. Cirilo Fernandez arrancaba enseguida con su íncreible línea de bajo ¨Wheels¨, otro clásico poderoso del primer álbum. Con toda esa adrenalina, llegaba el primer segmento solista: Hernán Rupolo regaló un poco de su magia rock-funk en guitarra eléctrica, y con actitud de ¨a ver si sale¨ improvisó en el estilo de SRV. Un perfecto puente para unir la fuerza del tema que acababa de sonar con la canción bailable que vendría. Victorioso, enganchó con ¨Nana Nana¨, mientras la gente no paraba de aplaudirlo. ¨Basta de joda, ahora nos ponemos serios¨ decía Sorín al finalizar la canción y comenzaba con ¨TV¨.

 

Uno de los momentos más memorables de la noche se dio con ¨Monster¨, con un solo de Rupolo aún más rockero que en la versión de estudio y luego, quedando en la penumbra, el Chino Piazza, demostrando lo mucho que la técnica de jazz puede hacer y que no basta con tener rapidez, es inútil si no se toca con un sentido musical. El Chino tiene mucho de ambas. Es uno de los grandes méritos de todos los integrantes de Octafonic en sí.

Retornando a las aguas tibias, se interpretó ¨I’m Sorry¨, mientras los más audaces de sus seguidores marcaban con palmas el extraño compás aditivo que marcan los palillos. Al finalizar la canción, las luces se atenuaron, enfocando a los vientos y les llegó su momento de lucirse. Muy bien sincronizados los tres, realizaron ritmos complejos, complementándose y dialogando entre sí de forma muy fructífera y placentera.

 

El show continuó con ¨Sativa¨, una canción escrita probablemente para Lula Bertoldi, que resume muy bien la nueva etapa de la banda, combinando: pop, electronica y rock pesado. Y, a medida que se acercaba el final, se iba poniendo más caliente todo. El combo ¨Over¨ + ¨Slow down¨ los dejó a todos knock out, precisamente son los temas cierres de los discos. En esta ocasión y, al igual que en el estudio, Lula Bertoldi se hizo presente en el escenario para gritar hacia el final de ¨Slow down¨, como solía hacer en ¨Wheels¨. Besó tiernamente a su marido y se retiró con la ovación de los presentes. La banda anunció la inminente retirada y Nicolás Sorín, en compañía únicamente de su sintetizador, interpretó ¨That’s ok¨, una canción emotiva muy bien lograda. El cierre fue ¨What?¨, una de las canciones rockeras más populares del nuevo material.

La noche fue un éxito total, algo impensado para, como diría su líder, una ¨bandita de jazz¨, cuando iniciaban este proyecto.  Con dos discos en la calle e impactantes shows en vivo, los Octafonic están demostrando que tienen todo, para ser protagonistas principales del rock nacional -e internacional- por su calidad y por animarse siempre a dar un paso más. Cada día apuestan a ir un poquito más lejos y demuestran que son muchos los oídos atentos, curiosos, sedientos de cosas nuevas, originales y que ellos son los indicados para marcar el camino. Poco importa el idioma en el que se trasmita cuando la música habla por sí misma, Octafonic es un orgullo nacional, y sin dudas seguirá creciendo.

 

Romina Zacarías

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