Ararat: primavera sónica y festejo del fin del mundo

 

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Color. Movimiento. Energía. Experimentación. Delirio y poder. Todo eso genera esta banda, junto con la sensación de que afuera puede suceder el fin del mundo y no nos vamos a enterar, porque adentro suena un terremoto musical, un viaje a bordo de una nave sonora, comandada por tres enormes músicos. Sergio Ch una pared sonora que se cimienta en las bases que establece en los parches Alfredo Felitte. De fondo el científico sonoro, el cirujano de las notas musicales interestelares, la pincelada psicodélica aportada por el gran Tito Fargo. ¿Que mas querés? Crónica y fotos: Pablo Fernandez. 22/9/16.

Ser stoner no es fumar marihuana y escabiar hasta desmayarse. Es una filosofía que brega por la libertad. Volar es una hermosa libertad, sobre todo si se hace con música. Y así abrió la quinta entrega del Motoclub en Club V (Corrientes 5008, Villa Crespo, Capital Federal) de la mano del quinteto Viaje a Ixtlán: un paseo sonoro comandado por Mariano Bertolazzi y su Moog mágico, quien además toca la guitarra y canta. El paseo incluyó canciones de sus dos discos y cerró con “El camino blanco” completo (un tema de alrededor de 22 minutos).

1999
El despegue fue suave, pero firme. Pero afuera el mundo parecía desgarrarse con una tormenta de viento, polvo y suciedad volando arremolinandose en las esquinas de toda la Capital. Parecía que el clima sabía que se avecinaba un set contundente de una banda que recibió muchos calificativos, pero creo que el mas apropiado fue “música para el fin del mundo”. Ararat se subía, una vez mas, al escenario del Motoclub y comenzó a hacerlo con “Caballos” y recorrer canciones de sus tres discos, pasando por una versión bien hardcore de “Castro” que duró lo que un suspiro de un condenado. Fue sencillamente gloriosa la versión que hicieron de “Lobos de guerra/Cazadores de elefantes” sumando un power demoledor de la mano de Alfredo Felitte y sus golpes que intentaban exorcizar la noche. Tito Fargo ocupó un rol delicado en este apocalípsis musical, aportando pinceladas mágicas, como suele hacer cada vez que se pone al frente de su guitarra/teclado y su colección de pedales, lo que forma un paisaje sonoro que vuelve – por momentos – mas árido el paisaje de ese mundo que arde en las llamas que alimenta Sergio Chotsourián con su bajo endemoniado.

 

El paseo sonoro fue recorriendo zonas de todo tipo: por momentos la atmósfera era densa y oscura y luego se volvía agitada, se sacudía, se estremecía. Las canciones fueron “Caballos”, “El Mono”, “El Paso”, “Las dos mitades”, “La sal y el arroz” – en una versión despojada, casi minimalista -, “Cazadores…”, “El hijo de Ignacio”, “Castro” y “Nicotina y
destrucción”. La presentación finalizó con un agradecimiento especial de Sergio a todos los presentes, quienes bancan la movida fielmente, con una alabanza. Luego, como siempre, un apretón de manos respetuoso con Tito Fargo selló el acuerdo de que otro viaje de la nave había resultado un éxito. El afectuoso abrazo de su compañero de años de batallas musicales, Alfredo Felitte, siempre emociona un poco. Porque aunque seamos rockeros, pesados, stoner y disfrutemos del doom y el sludge, tenemos sentimientos. Y si hay algo que no se puede evitar con Ararat, es emocionarse.

 

 

Pablo Fernandez
https://www.facebook.com/fotografiafernandez

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