Poseidótica 15 años en Niceto Club

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Cumplir años a veces puede ser traumático. Los quince suelen ser un hito, para las mujeres mas que para los varones. ¿Para una banda? Hay bandas que transcurren el doble de ese tiempo y no dejan huella, desaparecen como un suspiro o una promesa de un político. Otras bandas demuestran que el viaje recién comienza, como fue el caso de Poseidótica. Crónica y fotos: Pablo Fernandez. 23/9/16.

La noche la abrieron los platenses Güacho, un trío poderoso, compacto, delicadamente demoledores. Es raro encontrar un grupo de “stoner” que suene tan prolijo y poderoso al mismo tiempo. Estos pibes no parece que tocaran juntos hace 6 años solamente, parecen conocerse de memoria y zapar desde hace milenios. Tocaron casi una hora, recorriendo canciones de su discografía haciendo un show alucinante, la coherencia de la elección de la lista de temas fue tan precisa que parecía una obra conceptual, sin baches, sin pifies, como un meticuloso rompecabezas musical que dejó la sensación de ser la banda principal de la noche y no un soporte de un grupo épico. El tiempo del recital dejó con ganas de mas a todos los presentes, pero fue justo ese sabor agridulce lo que a uno lo deja regulando para lo que va a venir.

 

Y lo que seguía era una avalancha de canciones instrumentales que nos llevarían a todos los presentes por un paseo sonoro que recorrió todas las épocas de la banda, cuyo integrante destacado (por ser una leyenda de la movida) es el baterista Walter Broide, pero que tuvo invitados que recordaron todas las facetas del grupo. Las dos primeras canciones “Viaje de agua” y “Superastor” sonaron en formato cuarteto, cuando se sumó Ernesto Romero en teclados para aportar un poco mas de psicodelia al sonido de Poseidótica. Así sonaron “Elevación” y “Sueño narcótico” ofreciendo un paisaje alucinógeno. La audiencia estaba simplemente hipnotizada, sumergida en un trance que solamente se interrumpía para aplaudir las magníficas construcciones musicales de la banda.

Luego pasaron los otros dos bateristas que formaron parte de la banda y tenían la pesada tarea de sentarse en la banqueta que iba a dejar Broide: Ignacio y Federico quienes tocaron “El dilema del origen” y “Acuático” respectivamente. Nostalgia, emoción, avalancha de aplausos y chifles. Y humo dulce por doquier. Broide volvió a los parches luego del breve receso – el cual vivió al costado del escenario haciendo la mímica de cada canción tocada por sus compañeros – para hacer “La distancia”.

Al terminar esa canción Martín, el bajista, anunció que se iban a dar un gusto, mientras un ayudante acomodaba un teclado y un micrófono junto a la bata de Walter: apareció Lito Nebbia, una leyenda viviente y fundador de nuestro rock nacional para hacer “Hogar”, un tema de Los Gatos – de la época en la que Pappo (otro padre del Stoner nacional) tocaba la viola en ese grupo – que arrancó aplausos y emociones varias en todos los que tuvimos la suerte de presenciar ese momento mágico. Luego tocaron “Rock de la mujer perdida” en una versión aplastante, con un Lito sonriente y aplaudido a rabiar por el público y los músicos.

Pero las emociones no terminaban ahí. Luego vino el hermoso tema “Holograma” y al finalizar apareció Minimal para conmover a la gran mayoría de la gente. Es que el cantante de Pez nos iba a brindar, junto a Poseidótica, una poderosa y psiconáutica versión de “Haciendo real el sueño imposible” aportando voz y violas al cover de su propia banda. Luego Ariel dejó las cuerdas de lado y anunció que harían una canción bastante añeja pero demasiado actual: “Represión” un clásico de Los Violadores, que fue cantada con tanta furia que mas que una canción parecía un exorcismo a esta época amarga que nos toca transitar.

Para bajar un poco las revoluciones y palpitaciones de los ya esforzados corazones sensibles de todos los presentes, el viaje continuó por un camino de cierta calma – si tal cosa es posible en un recital como éste – con “Mantra” y “Dimensión Vulcano”. Saludos, abrazos, aplausos y agradecimientos al público y la despedida simbólica, impostada, que daría paso a los bises que todos esperábamos y prácticamente exigíamos: “Videogame” y “Aeroruta” sonaron para, ahora sí, despedir una noche que tocó el cielo de la perfección sonora con las manos llenas de canciones. Una noche que quedará en el recuerdo por mucho tiempo en las mentes de aquellos que tuvimos la suerte de estar presentes en un Niceto que explotó de gente que se fue feliz, luego de una noche larga pero hermosa, colmada de emociones que, como una montaña rusa de emociones, recorrió todas las zonas que un buen recital debe transcurrir.

 

Pablo Fernandez
https://www.facebook.com/fotografiafernandez

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